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Electricidad: califican de “inédita” y “difícil” la segmentación tarifaria que impulsa el Gobierno

En la reunión con los gobernadores por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el presidente Alberto Fernández, insistió en que no habrá “tarifazo”. Sin dar mayores precisiones, el Gobierno sigue hablando de “segmentación”, una estrategia de la que los expertos dudan. A la par, los cortes de luz no sólo afectan a la Ciudad de Buenos Aires y al AMBA sino a otras ciudades del país. Los especialistas coinciden en que la característica federal del sistema eléctrico complejiza la solución y advierten que la falta de coordinación es un problema.


En el proyecto de Presupuesto 2022 que fue rechazado en el Congreso había algunas pautas de cómo serían las segmentaciones tarifarias; estaban relacionadas con los ingresos familiares, la capacidad patrimonial y el gasto familiar.



Para Alejandro Einstoss, economista del Instituto Argentino de la Energía (IAE), la propuesta es “inédita”. No hay antecedentes en otros países de un esquema así para servicios públicos. El experto explicó a LA NACION que la segmentación implicaría acceso a información sensible, incluso protegida por secreto fiscal o bancario.


La herramienta disponible es la tarifa social, ya aplicada en la gestión anterior y en marcha en varias provincias. Para el economista, ese mecanismo demostró “eficacia”. “Uno de cada cuatro usuarios eléctricos llegaron a recibir la tarifa social. Inexplicablemente se abandonó en en un país a donde más de la mitad es pobre”, dijo.


Raúl Olocco, exsecretario de Energía de la Nación, calificó a la propuesta directamente como una “locura”. “No se pueden cobrar distintos precios algo que vale igual para todos; si quieren subsidiar tiene que ser de forma directa. Ese es el camino”. Para impulsar el ahorro, agregó, está el esquema tarifario de “bloque creciente” (más se consume más se paga).



El economista especialista en servicios públicos de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), José María Rodríguez, dijo que la segmentación es “difícil” de instrumentar; aunque entiende que se puede hacer en algunas zonas, de manera focalizada.


Desinversión

El gran inconveniente que todos marcan es la falta de inversiones en infraestructura. La demanda promedio de electricidad aumenta entre 2,5% y 3% anual, y la potencia de las redes no es suficiente.


Einstoss indicó que “todo es desincentivo” para invertir. Indicó que entre 2017 y 2019 con la recomposición tarifaria en el AMBA hubo inversión y los indicadores mejoraron sustancialmente. “Cuando las tarifas reconocen costos, las cosas funcionan”, estimó el especialista.


Advirtió que, poner a punto una red en mal estado lleva tiempo y por eso hay un período en que los clientes pagan más y se sigue cortando la luz. Con tarifas congeladas en el AMBA y con menos subas de las necesarias en el interior del país, las distribuidoras -agregó el economista- se financian con deuda a Cammesa, que ronda los $240.000 millones (0,36% del PIB estimado para este año). Esa deuda se refinanció deuda hace un año. La velocidad de regeneración del rojo es de entre $15.000 millones y $20.000 millones mensuales.


“Si se cumpliera la ley del sector eléctrico, las tarifas deberían cubrir costos racionales, las empresas prestar un servicio con determinada calidad y bajo nivel de falla, y tener una rentabilidad regulada por el Estado”, sintetizó Einstoss.


Declarar el consumo

En la mayoría de los países desarrollados las distribuidoras eléctricas hacen control de demanda; los clientes compran determinada potencia y declaran los artefactos eléctricos que tienen. También hay tarifas por bandas horarias. En cambio, en la Argentina, los equipos más ineficientes son, también, los más baratos.


Por ejemplo, en España el cliente que se pasa del consumo contratado sufre un corte de luz por un período; el servicio se repone solo. El objetivo es que no haya un uso de todos los artefactos a la vez. A menor demanda, menor tarifa.


Los técnicos reconocen que es un esquema “políticamente complicado y económicamente correcto”. Es un modelo que ordena, porque el distribuidor conoce lo que se consumirá por barrio, por manzana y hasta por edificio.


Einstoss admitió la utilidad, pero plantea que es un modelo “sumamente sofisticado” para la Argentina. “No podemos pensar en correr porque no podemos gatear”, resumió. “Las empresas pueden medir en tiempo real los consumos y saben cuál es el transformador a punto de saltar”, aportó Rodríguez.


“El mundo sigue para adelante y nosotros vamos para atrás -dijo Olocco-. Las líneas de baja y media tensión se están informatizando, se manejan todas por Internet, se detecta nivel de falla, nivel de calentamiento, cuál hay que liberar porque está más cargada. Después de eso, viene la informatización del consumo familiar, programar determinados consumos para ordenar. Es claro que el control automático reduce los problemas, pero es muy incipiente en el país”.


Fuente: La Nación


https://www.lanacion.com.ar/economia/

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