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La deuda del Banco Central superó los $23 billones y marcó un nuevo récord

La deuda remunerada del Banco Central (BCRA), popularmente más conocida como “Bola de Leliq”, aunque venía ralentizando su ritmo de aumento ante el desarme de plazos fijos en pesos que se verificó el mes pasado, marcó este martes un nuevo récord, al sobrepasar los $23 billones, monto equivalente a casi 12% del Producto Bruto Interno (PBI).


El pasivo prácticamente se multiplicó por 21 durante el mandato del presidente Alberto Fernández: era de $1,1 billones cuando asumió, tras haber hecho campaña calificándola de “usurera” y prometido, incluso, usar lo que el ente monetario gastaba en mantenerla regularizada para poder aumentar en un 20% las jubilaciones.


Claro que luego no lo hizo y aquella factura, que era de $57.000 millones por mes (remunerados con una tasa del 63% nominal anual), avanzó hasta los $2,2 billones en octubre, ante la tasa cada vez más elevada que debió pagar el BCRA para sostenerla en un contexto de elevada inflación.


Así, mientras el pago mensual de los intereses generados por las Lebac (nombre que estos títulos tenían en tiempos de Mauricio Macri) equivalía a un tercio del gasto mensual que afrontaba el Gobierno en jubilaciones, hoy cubriría casi su totalidad.


Las Leliq y los pases pasivos son los instrumentos con que el BCRA retira de circulación parte o hasta la totalidad de los pesos que emitió a dos manos para ayudar al Tesoro Nacional a cubrir su fuerte y sostenido déficit o mantener las cotizaciones de sus títulos de deuda.


El principal aumento, a tono con el récord de cortoplacismo que se verifica en el mercado en medio de la marcada incertidumbre por las elecciones, se produjo por el salto que en las últimas semanas muestran las colocaciones en pases pasivos, mayoritariamente pactadas a 1 día y al 126% nominal anual, en detrimento de las inversiones al 133%, pero principalmente a 28 días, en Leliq.


“Hubo una reconfiguración de manejo de caja de las empresas e inversores en general que explica en gran parte la rotación entre pases y Leliq: estas últimas perdieron 20 puntos porcentuales de representatividad entre los pasivos remunerados, obligando al gabinete económico a ser mucho más cauto en cada paso que da, pues el dinero fuera de circulación se encuentra colocado en posiciones mucho más cortas y un escenario de desconfianza sistémica podría desatar una corrida contra el dólar, con poco poder de fuego para afrontarla”, explican los economistas de la consultora LCG en su último panorama monetario y financiero.


Producto de ello, el mix de esta deuda, que se componía entre el 70% y 75% en estas letras, muestra ahora un rebalanceo 60/40. “El stock actual de pasivos remunerados del BCRA asciende a $23 billones. Un 56% corresponde a bancos privados, un 41% a bancos públicos y el 3% restante está en manos de Fondos Comunes de Inversión (FCI)”, detalla el economista Salvador Vitelli, de Romano Group.


Dada esa preferencia por la liquidez, por caso los FCI de renta fija crecieron en 11% real interanual y los de money market aumentaron 35%. Así, en el conjunto, los primeros perdieron cinco puntos de participación en ese lapso, lo que no debería asombrar con una inflación errática que tocó el máximo de 12,7% en tan solo un mes, por lo que tener dinero líquido en un fondo money market resulta más atractivo que un fondo [común] y que una pérdida garantizada en un depósito a la vista.


Por esta misma razón es que los depósitos en cuentas corrientes se ubican “un 10% real por debajo de su nivel de un año atrás”.


Las Leliq y los pases pasivos son los instrumentos con que el BCRA retira de circulación parte o hasta la totalidad de los pesos que emitió a dos manos para ayudar al Tesoro Nacional a cubrir su fuerte y sostenido déficit o mantener las cotizaciones de sus títulos de deuda.



Según cálculos del economista Gabriel Caamaño, director del Estudio Ledesma, es una montaña de plata que, considerada hasta el último fin de mes, equivalía a 18,4 puntos del PBI, lo que habla de una verdadera “borrachera monetaria” y explica mucho del desborde inflacionario actual.


Semejante desborde hizo que estos instrumentos, diseñados para esterilizar pesos buscando neutralizar un efecto inflacionario o presiones sobre el dólar, ya no puedan cumplir esa función. Es que, debido al tamaño que alcanzó esta “bola” y al aumento que mostró en los últimos años su costo de mantenimiento, es una deuda que adquirió vida propia, más aún en un contexto de sostenida caída en la demanda de dinero (la base monetaria actualmente representa un 4,4% del PBI, mínimo histórico).


El nuevo récord de esta deuda llega a 10 días del balotaje y cuando ninguno de los contendientes finales ha explicitado de manera concreta qué piensa hacer con este amenazante pasivo, que no deja de crecer mientras las reservas del BCRA no dejan de caer. Eso abre juego a numerosas dudas, ya que su contracara son los depósitos en pesos del público y, en el caso de las Leliq, los plazos fijos por $13,6 billones bajo administración de los bancos, el 87% de los cuales es propiedad de privados.


Fuente: La Nación

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